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«La vida de misionero es la más feliz del mundo»

El padre Luis Montes, misionero del Instituto del Verbo Encarnado y originario de Argentina, pertenece a una familia muy inclinada al servicio de Dios. Él fue ordenado presbítero en 1996 e inmediatamente enviado a misionar en Medio Oriente. Recientemente estuvo en México y hablo para EDH.

Por Chucho Picón

Padre Luis Montes, háblenos un poco de su familia

Siempre fuimos una familia muy unida, familia numerosa. Fuimos siete hermanos, aunque uno de ellos murió y no lo conocimos. Tres somos sacerdotes, uno es laico consagrado, y dos son casados y padres de familia.

Además mi mamá, al quedar viuda a la edad de 77 años, ingresó con las Hermanas (del Instituto del Verbo Encarnado) y se hizo religiosa. Hace un poco más de un año que ella falleció.

¿Se puede decir que el caso de su familia es poco común, con tantos miembros consagrados a Dios?

Sí, es poco común; sin embargo, en el Instituto del Verbo Encarnado hay el caso de varias abuelas que han entrado con las Hermanas, e incluso celebramos la fiesta de san Andrés, el hermano de san Pedro, como una fiesta de los hermanos, ya que en nuestra congregación tenemos varios casos familias en que varios de sus miembros ingresan con los Padres o con las Hermanas.

Incluso cuando yo fui provincial en Egipto, puesto que estuvo a mi cargo por siete años, puse ahí esa fiesta porque teníamos entre las vocaciones árabes varios casos de hermanos o parientes consagrados en nuestro Instituto.

¿Por qué decidirse a ser misionero?

Yo no lo tenía planeado: me había anotado para estudiar abogacía; pero hubo un paro en la universidad en la que yo me anoté, y como no comenzaban las clases y yo no tenía nada qué hacer, me fui a un retiro espiritual, y ahí yo vi que Dios me llamaba al sacerdocio y a la vida religiosa.

Así que no estudié ni un solo día de abogacía, y cambió toda mi vida al entrar en la congregación: la vida de misionero es la más feliz del mundo, así que estoy muy contento de que eso haya sucedido. Son los caminos de Dios, que nos elige a donde quiere y cuando quiere.

El ser misionero es también un riesgo. ¿Está preparado para el martirio?

El riesgo existe en toda condición de vida y en todo lugar; la gente te muere en todos lados.

Hablar de estar preparado al martirio son palabras grandes, pues el martirio no se merece sino que es una gracia de Dios.

¿Cuáles son las ciudades más difíciles en las que usted a tenido que ir a evangelizar?

Sin duda Bagdad (la capital de Iraq). Yo estuve en Tierra Santa, estuve en Jordania, estuve en Egipto; en esos lugares no encontré dificultades grandes.

En Bagdad estuve cinco años, la cual es una ciudad muy difícil porque hay atentados todos los días: estamos hablando de entre cuarenta y cien atentados por mes.
Se vive la tensión, se vive el riesgo, los cristianos sufren mucho. Y es un país destrozado por la guerra, en el que todo funciona mal. Es realmente desgastante.

Por supuesto que es un país lleno de bendiciones de parte de Dios, por lo cual, aún cuando uno está ahí, es muy feliz. Pero, objetivamente, de los lugares donde he estado es el más difícil.

Padre, ¿por qué se va a Bagdad? ¿Se va a evangelizar a pesar de que se trata de una sociedad que pertenece a otra religión? ¿Es una obligación del cristiano ir a esos lugares a evangelizar, aunque no nos quieran?

Cristo dice: “Id por todo el mundo”. Y cuando los Apóstoles salieron a misionar nadie creía en Cristo. Misionaron ellos llevando una religión extraña, distinta. Por supuesto que no todos van a la misión que se llama ad gentes, pero todo cristiano por ser cristiano debe ser misionero.

Nosotros, los que nos dedicamos a eso, vamos a lugares lejanos y difíciles; pero es inconcebible que un cristiano no se considere misionero, porque él tiene que proclamar el Evangelio en su ambiente: en su familia, en su trabajo, en la escuela, en la sociedad en la cual está. Tiene que proclamar el Evangelio con la palabra y, sobre todo, con el testimonio de vida.

¿Respetar la religión de los demás, o a pesar de eso evangelizarlos?

Una cosa no quita la otra. Yo respeto a todo el mundo, pero les ofrezco el Tesoro que Dios me ha dado que es Jesucristo.

Sería vil de mi parte tener ese Tesoro, que se puede ofrecer gratis a todo el mundo y negarme a hacerlo. ¡No tiene nada que ver con respeto o falta de respeto! Si usted tiene un bien y lo comparte, eso no es una falta de respeto.

Simplemente es sabernos elegidos por Dios, porque Él quiso, por pura misericordia, y ofrecerle a los demás aquellas riquezas que uno ha recibido. Cada uno es libre de aceptar a Cristo o no; pero yo, como cristiano, debo ofrecer a los demás esa riqueza para que conozcan el mensaje de salvación.

¿Cuál es el método o la fórmula perfecta para evangelizar?

Depende de los lugares y de las situaciones. Por ejemplo, nosotros vivimos en lugares donde la predicación directa estaba absolutamente prohibida; en esos casos, a través de las obras de misericordia mostramos a los no cristianos qué es lo que nosotros creemos.

Tenemos que predicar con la palabra y con el ejemplo, pero tenemos que hacerlo prudentemente.

Hay cosas por las que yo puedo ser expulsado de un país, o poner en riesgo a mi comunidad. Pero ciertamente no puedo callar el Nombre de Cristo porque, como nos enseña la Biblia, no nos ha sido dado otro Nombre por el cual seamos salvados.

Padre, ¿se puede evangelizar a un terrorista, a alguien del Estado Islámico?

Ellos, por supuesto, rechazan la evangelización, pero también rechazan todo tipo de diálogo. A veces la gente me pregunta: “¿Usted ha conocido a gente del Estado Islámico?”, y la respuesta siempre es no, porque si hubiera conocido a alguno probablemente no estaría hoy yo aquí para contarle esto. Esa gente nos odia y nos quiere matar.

En las ciudades que el Estado Islámico ya abandonó es patente su odio a Cristo: cómo destruyó los templos, las imágenes y los libros cristianos. ¡Hay rechazo por todo lo que es Cristo!

¿Usted ha sido testigo de alguna conversión o de alguna señal de acercamiento de parte de ellos?

Yo he escuchado algunos casos de terroristas que se han convertido. No que yo los haya conocido personalmente. Y no es para nada de extrañar, porque, por ejemplo, Dios convirtió a Saulo, cruel perseguidor de los cristianos, en san Pablo. A veces es algo que uno no tiene en cuenta: cuán dura fue la persecución que realizaba Saulo. ¡Y Dios lo convirtió!

Padre, ¿en dónde misiona usted actualmente?

Yo vivo en Iraq, en la ciudad de Erbil, que viene a ser la capital de la región semi-autónoma de Kurdistán. Al lado de Erbil está Ainkawa, que contiene la concentración más grande de cristianos en el país.

¿Cuál es el estado actual de nuestros hermanos cristianos?

La comunidad está totalmente diezmada. Éramos un millón y medio de cristianos en 2003, y ahora no deben quedar más de 200 mil o 300 mil. Estas últimas semanas las noticias han sido positivas porque se han recuperado las ciudades que había tomado el Estado Islámico, las ciudades cristianas también. Están volviendo familias cristianas a sus pueblos, pero es sumamente difícil porque el 70% de las casas fue quemado o destruido.

Estamos en el proceso de pedir un fondo de ayuda para que puedan reconstruir sus casas y que no tengan que abandonar el país.

¿Cuáles son los mayores milagros que usted ha percibido en Iraq?

Milagros hemos visto muchos. Hemos visto a gente que tenía que estar muerta y no está muerta; por ejemplo, a un sacerdote iraquí, que cuando lo iban a degollar a santa Alfonsina, una santa palestina, y el terrorista reconoció que no podía mover su mano para degollarlo.

De este tipo de milagros ha habido muchos. Tanto en Siria como en Iraq.

Pero a mí lo que me impresiona no es eso, porque son milagros físicos; lo que más me impresiona es cómo Dios transforma los corazones de los cristianos, que van a la muerte con una sonrisa. ¡Eso es mucho más fuerte! Dios es el único que puede cambiar un corazón de ese modo. E milagro de gente que perdona de modo absoluto y sin condiciones.

El caso que recuerdo más fuerte es el de la mamá de dos de los más de veinte cristianos egipcios que el Estado Islámico degolló en la playa y puso el video en Youtube, la cosa más espantosa; y cuando alguien le preguntó a la mamá de dos de los mártires que eran hermanos sobre qué haría si viese al asesino de alguno de sus hijos en el pueblo, ella respondió: “Yo lo invitaría a tomar un café”. O sea que es perdón absoluto, sin condiciones, sin ni siquiera esperar que le pidan disculpas.

Y eso para mí es un milagro de los que casi no se pueden creer, teniendo en cuenta cuánto trabajo nos cuesta perdonar a nosotros, que a veces nos quedamos dolidos por semanas, meses o años por algo pequeño que nos han hecho.

Esa entereza, ese señorío sobre uno mismo, es algo que solamente Dios puede dar; es una gracia.

¿Qué necesitan nuestros hermanos cristianos en Medio Oriente? ¿Aún hay que ayudarlos?

Ciertamente. Lo primero es la oración; es lo que ellos nos piden porque somos cristianos y creemos en el poder de la oración.

Segundo, que se den a conocer estas verdades; yo invito a que todos visiten nuestra página de Facebook, que se llama “Nazarenos Perseguidos”; ahí pueden sumarse al grupo, y también tener noticias seguras de lo que está pasando, porque la prensa internacional miente mucho en estos temas, sobre todo en el tema de Siria; y además noticias de nuestras misiones, de lo que estamos haciendo, y el ejemplo de los cristianos del Medio Oriente.

Y tercero, enviar alguna ayuda económica, puesto que ellos necesitan todo. Estamos hablando de que casi la mitad de los cristianos de Siria son refugiados; han perdido sus casas, sus autos.

Es el momento de ayudarlos a reconstruir sus hogares, y no preocuparse de si la ofrenda es pequeña pues, desde nuestra experiencia, no son los ricos los que nos han ayudado, sino que es la gente que manda cinco, diez o veinte dólares la que ha logrado que podamos ayudar a cientos de miles de personas para que no mueran de hambre.

 

Publicado en la edición impresa de El Despertador Hispano de octubre de 2017 No. 5

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