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Luz, mucha luz

Por Jaime Septién

Son bien conocidas las últimas palabras que pronunció, antes de morir, el genial escritor alemán Johann Wolfgang von Goethe (1749-1832): “Luz, más luz…”.

Supongo que una frase similar habrá pronunciado el corazón herido de la Iglesia católica de Estados Unidos –devastada por los escándalos de pederastia, abuso de autoridad, encubrimiento de depredadores sexuales—antes del V Encuentro Nacional de Pastoral Hispana, celebrado en septiembre, en Grapevine, Texas.

Y a fe nuestra, y de todos los delegados, laicos, periodistas, religiosos, sacerdotes, obispos e invitados especiales, el V Encuentro arrojó un chorro de luz y de esperanza para mirar el futuro de una Iglesia transparente, de una Iglesia pujante, de una Iglesia que comprende –más no justifica—la debilidad de sus hijos y que está dispuesta a trabajar en amparar a todo aquel que busque, honestamente, a Dios.

Luz en tiempos de oscuridad. Fue la conclusión que sacó el grueso de los asistentes y muchos de los obispos, encabezados por el presidente y el vicepresidente de la Conferencia episcopal de Estados Unidos, DiNardo y Gómez. Luz de procedencia hispano-latina. Es la alegría de un pueblo que tiene en Guadalupe su faro, su corazón y a su intercesora fundamental.

Ha llegado la hora en que los católicos hispanos tomen la estafeta de una fe que llegó la primera a Estados Unidos en el siglo XVI. Una fe que no hace diferencias, que abraza; que es “católica” en el sentido de apertura al universo y al hombre. Los cuatro verbos del pontificado de Francisco son el camino para fertilizar a la sociedad estadounidense en su conjunto: acoger, acompañar, discernir e integrar.

El trabajo que ha hecho pastoral hispana en todos los rincones de Estados Unidos –especialmente con los migrantes—es abono útil en este cometido. Es luz.

Publicado en la edición impresa de El Despertador Hispano de octubre de 2018 No.13

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